28/11/07

Wonka

Lo cogimos de bebito, con dos meses justos. Mi labradorcito dorado. Pesaba 5 kilitos de nada y era tímido; nos encandiló su mirada tristona y tranquilota. Llegó a casa llenito de garrapatas, pero a él le daba igual!


En algún sitio leí: los cachorritos sienten más ganas de hacer sus necesidades después de jugar, de comer o de haberse dormido una siesta. O sea, SIEMPRE!

Así que me pasé meses (que se pasaron volando) limpiándole pipís y cacas.

Jaja! Recuerdo una vez que estaba tumbado en la cocina mirando tranquilamente cómo preparábamos el desayuno, y de repente vi una mancha amarilla en el suelo que se iba extendiendo a su alrededor. La madre que lo parió! Se estaba meando tumbado el muy flojo! Tuvimos que cogerlo en volandas, un calcetín mojado parecía, y limpiarlo lo mejor que pudimos; estaba en cuarentena y no se le podía duchar.

El resto del tiempo que estaba despierto se lo pasaba llevando sus juguetes y su manta a mi silla. Los ponía todos allí, hasta que se me atrancaban las ruedas, y luego se tumbaba él a mis pies. Más lindo...

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