
Ayer, en un rapto de vitalidad primaveral, preparamos los macutos en un pis pás, y siendo razonablemente temprano, nos montamos en el coche y tiramos para el gimnasio, mientras nuestros músculos se iban preparando para una dura sesión de hora y media de pesas, al son de la música del coche (Garbage sonaba).
Y cuando llegamos al gimnasio no había luz ni personal (sólo tres pobres recepcionistas que explicaban lo que ya se veía: que no había luz).
Así que evaluamos nuestras posibilidades: ¿Nos vamos de compras, nos vamos a abituallarnos de alimentos, nos vamos de bares, nos dedicamos a hacer música o a pintar en casa...?
Yo tenía dolor de cabeza gordo por sobredosis de aguarrás inhalada porque me había llevado la mañana pintando, así que se me apetecía tomar el aire.
"¿Por qué no nos vamos a hacer ejercicio con los perros?" -dicho y hecho, soltamos los macutos, nos calzamos las gafas de sol y los mp3, les pusimos las correas a los perros y a la calle!
Y entonces una señora que iba fumando en su coche frenó, bajó la ventanilla, nos llamó, nos echó el humo en la cara y yo, muy mosqueada, me quité los auriculares para ver qué quería.
Señora-Humo: Vosotros que tenéis perros, ¿no sabréis de quién es éste, que me lo acabo de encontrar? -se baja del coche y procede a abrir el maletero. Wonka y Fito fisgan dentro. Nosotros también.
Mal: Uuuuuuy, qué cosa más boniiiiitaaaaaa, y qué chiquitiiiiitoooo...
Señorahumo: Sí, es un cachorrito, y me lo he encontrado perdido por ahí por mi urbanización, y si no le encuentro el dueño me lo llevo a la protectora, ¿sabéis de quién puede ser?
Mal: Ni idea, pero no te lo lleves, nos lo quedamos hasta que aparezca el dueño, ¿verdad, Mickey? Uuuuuuyyyyy, qué bonito esssssss...
Mickey (al perrín): ... ¿Picwick?
Perrín: Mira a Mickey con ojitos de cachorro lindo.
Mickey: Hmmm... Creo que es
Picwick, el cachorro de unos amigos nuestros. Viven aquí al lado, podemos ir a llevárselo en un segundo.
Señora-Humo: Vale, venga, sube y me llevas -me mira de arriba abajo-. ¿Y contigo qué hacemos?
Mal: Tranquila, que yo voy andando con éstos dos. Que está aquí al lado de verdad...
Se piraron en el coche con el perrín lindo asomando la cabecita por el cristal de atrás, y yo me fui trotando con estos dos, que se pararon mil veces para mear (gota-a-gota) en cada plantita que asoma.
Cuando lleguamos el cuadro era pa verlo: La Señora Humo con el cachorrito en brazos, sujetándolo con fuerza para que no se le escurriera. El perrín alargando el cuello y estirando las patas para escurrirse. Y Mickey... Intentando calmar a una madre-dálmata enfurecida que ladraba y enseñaba dientes y patas desde el otro lado de la verja.
Señora-Humo: Evidentemente y tras ver la reacción de la madre, éste es quien decíais.
Mickey: No hay nadie en la casa.
Señora-Humo: ¿Y ahora qué hacemos?
Mal: Mételo por la verja.
Señora-Humo: No cabe.
Mal: Sí cabe.
Señora-Humo: Que no cabe.
Mal: El Fito cabe, y si el Fito cabe, Picwick va sobrado, además, se habrá escapado por ahí, ¿no?
La Señora-Humo me miró como apuntándome un tanto mental, y procedió a meter a Pickwick por un hueco en la verja, cosa difícil pues a la vez tenía que esquivar a mamá-parezcolaReinaAlien-dálmata.
En cuanto lo metió se asomó -Qué.Cosa.Más.Linda- y procedió a sacar las patas y medio cuerpo fuera, mirando hacia donde Wonka y Fito, que sólo tenían ojos para la dálmata.
Señora-Humo: Se va a escapar otra vez!
Habríamos llamado a Héctor o Jacqueline, pero no teníamos móvil (sólo mp3), así que íbamos a volver a casa a buscar el móvil cuando apareció una señora que trabaja en casa de Héctor, hecha un mar de nervios. Nos explicó que la hija de Héctor se había llevado a Pickwick a casa de su madre y que allí (en territorio desconocido) se le había escapado y que andaban todos desperdigados buscándolo como desesperados.
Así que nos fuimos. En el camino encontramos a un niño con cara de agobio, pedaleando desesperado en su bici.
Mal: ¿Tú no eres el hijo de Jacqueline?
Niño: Sí!
Mal: Pickwick ya está en casa.
Niño: Uf! Gracias! -y se fue pedaleando a su casa.
Seguimos nuestro camino, yo ya a toda leche con el mp3 puesto a todo volumen, y de repente me doy cuenta de que Mickey no está. Me doy la vuelta y me lo veo a 50 metros, hablando con un coche parado. Pallá que me voy corriendo. Eran Héctor, su hija y un amigo.
Héctor: Ay, que se nos había perdido el Picwick, qué preocupación, el pobre en barrio desconocido...
Mickey: Menos mal que nos hemos encontrado nosotros con la Señora-Humo, que si no se lo lleva a la protectora.
Mal (para ella): Nono, yo me lo pensaba quedar... Qué lindo esssss....
Héctor: Ahora tenemos que encontrar a uno de los niños de Jacqueline, que está buscando al perrito también.
Mal: ¿Iba en bici, no?
Héctor: Sí...
Mal: Ya lo hemos mandao pa casa...
Héctor: Uf! Menos mal! Pues vamos a llamar a Jacqueline, que todavía no sabe que ha aparecido el Picwick y está la pobre...
Observación: Pero qué bonito que se ha puesto el Picwick! De cachorrito-ito era encantador, pero ahora... Y ahí acaba la aventura perruna del día.
Si no se llega a ir la luz en el gimnasio... Y es la primera vez que se va desde que lo abrieron...