Se debieron enterar de que llegábamos al Algarve, porque nos recibieron con fuegos artificiales por todo lo alto. Nosotros, por no hacer el feo, subimos a la terraza a verlos.
La reacción de éstos dos --->
En la imagen no se ve a Fito temblando, pero temblaba, y mucho.
Wonka ni se coscaba, claro!
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22/8/10
12/12/08
Al final caeremos todos XDDDD
Mis suegros se han ido un mes y pico a Sudáfrica, como cada año; y allí han podido disfrutar de la compañía de estos dos perritos (creo que macho y hembra):


E inevitablemente, se han encariñado tanto con ellos que están pensando que no sería mala idea hacerse con un perrito en casa, en Alemania.
Me voy a poner en plan niña chica:
Ute, bitteeeee, bitteeeeee, nimm ein Hundchen aufffffff!!!!!!!!!


E inevitablemente, se han encariñado tanto con ellos que están pensando que no sería mala idea hacerse con un perrito en casa, en Alemania.Me voy a poner en plan niña chica:
Ute, bitteeeee, bitteeeeee, nimm ein Hundchen aufffffff!!!!!!!!!
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9/12/08
27/6/08
Lo que nos gusta comer en Berlin
Recién llegado a Berlin, Wonka aún no sabía lo que le esperaba. Llegó demasiado drogado para darse cuenta de nada.

Pero cuando se recuperó...
Se dio cuenta de que allí los olores son... APETITOSOS. Huele mucho a comida. De la buena, de la que hace que se te haga la boca agua...
Hay restaurantes y puestecillos con todo tipo de comida de todos los lugares del mundo. TODOS. Y además, los alemanes son muy MUY generosos a la hora de servir porciones (a no ser que vayas a un restaurante francés, donde el nombre del plato que pides ocupa más que la comida sobre el plato en sí).
A nosotros nos gustan especialmente dos cosas:
Los DÖNER KEBAB (engordan mucho y son muy pesados de digerir pero joder! qué buenos están!)


Y el SASHIMI (sano y rico)


Totá, que lo pasó fatal el pobre viéndonos comer, porque además allí los perros PUEDEN entrar en los restaurantes.

Pero cuando se recuperó...
Se dio cuenta de que allí los olores son... APETITOSOS. Huele mucho a comida. De la buena, de la que hace que se te haga la boca agua...
Hay restaurantes y puestecillos con todo tipo de comida de todos los lugares del mundo. TODOS. Y además, los alemanes son muy MUY generosos a la hora de servir porciones (a no ser que vayas a un restaurante francés, donde el nombre del plato que pides ocupa más que la comida sobre el plato en sí).
A nosotros nos gustan especialmente dos cosas:
Los DÖNER KEBAB (engordan mucho y son muy pesados de digerir pero joder! qué buenos están!)


Y el SASHIMI (sano y rico)


Totá, que lo pasó fatal el pobre viéndonos comer, porque además allí los perros PUEDEN entrar en los restaurantes.
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Wonka
10/6/08
9/6/08
Wonka el viajero
Viajar con un perro es más complicado que hacerlo sin él, pero mucho más divertido.
A este viaje que hemos hecho a Berlin, nos hemos llevado a Wonka (que ya estuvo hace año y medio), pero no a Fito.
El motivo: Fito padece de ansiedad por separación y no habría aguantado el viaje en avión, metido nosecuantas horas (lo que tardas en facturarlo + retraso + tiempo de vuelo + lo que tardan en devolvértelo) él solito en un transportín. Le habríamos tenido que dar un calmante para elefantes, y eso lo habría matado. O bien se las habría arreglado para secuestrar el avión y hacerlo aterrizar en el jardín de casa.
Así que Fito se ha quedado en casa de la mamma, en la que ya vivió muchos meses y en la que se encuentra como un sultán.
Llevar a Wonka ha sido tedioso, burocráticamente hablando.
-Ha habido que buscar hotel que admita mascotas (afortunadamente en Berlin eso no es complicado) y sacarle su billete de avión.
-Renovarle el pasaporte; actualizar vacunas con más de cuarenta días de antelación (si no pasa la cuarentena no le dejan viajar); desparasitarlo (por dentro y por fuera) y maquearlo (ducharlo, cortarle las uñas, cepillarlo, etc).
-En vez de vuelo con escala, hemos ido en coche a otra ciudad, tres horitas, dejado el coche en un parking, de allí nos hemos trasladado al aeropuerto en un bus del parking con las dos maletas, los macutos, el transportín, y el perrito de treinta kilazos...
-Y en la cola de facturación de equipaje le hemos dado chuches aderezadas con tranquilizantes. Y se la ha pasado llorando porque vio al lado unos transportines llenos de gatinos y quería jugar con ellos.
-Tras facturar el equipaje hemos tenido que facturarlo a él (se me rompe el alma recordarlo), para lo cual hay que sacarlo del transportín, ya que éste debe ser escaneado, volverlo a meter, y ver cómo se aleja por una cinta que no sabes dónde termina...
Y cuando hemos llegado a Berlin... De puta madre, porque los alemanes cuidan más a las mascotas que los españoles, y nos lo ha traído una persona, en ascensor; no como en la vuelta, en Espéin, que sale el transportín por la cinta del equipaje. ¿Alguno de vosotros ha visto alguna vez en la cinta de equipaje un transportín enorme que tiembla, se mueve, aúlla y llora e incluso pega saltitos? ¿Y alguno de vosotros lo ha tenido que levantar a pulso mientras seguía dando botes como un poseso y lo ha intentado encajar en el carrito del equipaje?
Suele provocar carcajadas entre los compañeros de vuelo.
En fin, es una odisea, pero cuando al final llegas al hotel (después de haberle dado de comer al pobre perrito en el suelo del parking del aeropuerto y haberle intentado convencer de que beba agua sin resultado) y le pones dos cuencos seguidos de agua (en la habitación sí que le entra sed, y MUCHA), te alegras de haberlo llevado.
Y él también. Y como botón, una imagen, que vale más que todas mis palabras:

¿Se ha visto alguna vez un perrito más feliz?

Eso fue en el Tiergarten.
A este viaje que hemos hecho a Berlin, nos hemos llevado a Wonka (que ya estuvo hace año y medio), pero no a Fito.
El motivo: Fito padece de ansiedad por separación y no habría aguantado el viaje en avión, metido nosecuantas horas (lo que tardas en facturarlo + retraso + tiempo de vuelo + lo que tardan en devolvértelo) él solito en un transportín. Le habríamos tenido que dar un calmante para elefantes, y eso lo habría matado. O bien se las habría arreglado para secuestrar el avión y hacerlo aterrizar en el jardín de casa.
Así que Fito se ha quedado en casa de la mamma, en la que ya vivió muchos meses y en la que se encuentra como un sultán.
Llevar a Wonka ha sido tedioso, burocráticamente hablando.
-Ha habido que buscar hotel que admita mascotas (afortunadamente en Berlin eso no es complicado) y sacarle su billete de avión.
-Renovarle el pasaporte; actualizar vacunas con más de cuarenta días de antelación (si no pasa la cuarentena no le dejan viajar); desparasitarlo (por dentro y por fuera) y maquearlo (ducharlo, cortarle las uñas, cepillarlo, etc).
-En vez de vuelo con escala, hemos ido en coche a otra ciudad, tres horitas, dejado el coche en un parking, de allí nos hemos trasladado al aeropuerto en un bus del parking con las dos maletas, los macutos, el transportín, y el perrito de treinta kilazos...
-Y en la cola de facturación de equipaje le hemos dado chuches aderezadas con tranquilizantes. Y se la ha pasado llorando porque vio al lado unos transportines llenos de gatinos y quería jugar con ellos.
-Tras facturar el equipaje hemos tenido que facturarlo a él (se me rompe el alma recordarlo), para lo cual hay que sacarlo del transportín, ya que éste debe ser escaneado, volverlo a meter, y ver cómo se aleja por una cinta que no sabes dónde termina...
Y cuando hemos llegado a Berlin... De puta madre, porque los alemanes cuidan más a las mascotas que los españoles, y nos lo ha traído una persona, en ascensor; no como en la vuelta, en Espéin, que sale el transportín por la cinta del equipaje. ¿Alguno de vosotros ha visto alguna vez en la cinta de equipaje un transportín enorme que tiembla, se mueve, aúlla y llora e incluso pega saltitos? ¿Y alguno de vosotros lo ha tenido que levantar a pulso mientras seguía dando botes como un poseso y lo ha intentado encajar en el carrito del equipaje?
Suele provocar carcajadas entre los compañeros de vuelo.
En fin, es una odisea, pero cuando al final llegas al hotel (después de haberle dado de comer al pobre perrito en el suelo del parking del aeropuerto y haberle intentado convencer de que beba agua sin resultado) y le pones dos cuencos seguidos de agua (en la habitación sí que le entra sed, y MUCHA), te alegras de haberlo llevado.
Y él también. Y como botón, una imagen, que vale más que todas mis palabras:

¿Se ha visto alguna vez un perrito más feliz?

Eso fue en el Tiergarten.
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