29/11/07

Mi Casa, Transportín...

Lo primero que hicimos tras recoger a Wonka en su criadero fue irnos de cabeza a comprar un transportín.

Hay gente que les compra su camita y ya, pero nosotros preferíamos usar el transportín. Era ideal para educar al cachorrito, y de cualquier manera lo necesitaríamos para cuando viajásemos en coche o en avión.

Desde la primera noche que pasó en casa durmió dentro. Con su mantita, sus juguetitos... Y un reloj que hacía tic-tac fuera para que creyese que había alguien con él. De todas formas lloró bastante, y me estuve levantando durante toda la noche para ver si todo iba bien. TODO IBA PERFECTAMENTE.

La verdad es que fue más fácil educarlo así, y para él fue muy cómodo. Por las noches, para dormir, o cuando se quedaba solito en casa (poco tiempo, la verdad) lo dejábamos dentro, con un premio (alguna chuchería) y un juguete. Cuando se portaba mal, de cabeza al transportín; diez minutos, sin premio y sin juguetes. Castigado a su cuarto!

A los humanos nos parece que los estamos metiendo en una cárcel, pero para ellos es SU CUEVA. Si no están hechos un ovillo dentro, te encontrarás el ovillo debajo de tu cama, de tu mesa o de cualquier otro sitio.

Ya no lo usamos en casa, porque le hemos hecho una caseta (bueno, LES, ahora está Fito con él) que cumple más o menos la misma función.

Yo, realmente, lo recomiendo. No en exceso, evidentemente; no se trata de convertir el transportín en una especie de armario de juguetes del cual sacas al perrito sólo cuando quieres jugar con él, sino repito, de hacer que sienta que tiene su cuevita.

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