Había sido un laaaaaaargo y aburrido y desesperante y claustrofóbico fin de semana, por culpa del viento huracanado y de las lluvias torreciales. El domingo por la tarde, la cosa mejoró ligeramente (pero que muy ligeramente) durante cinco minutos, durante los cuales nos dio el tiempo justo de ponernos los plumas y coger el paraguas para sacar a estos dos.
Por supuesto, como era YO la que salía, nada más cruzar la puerta empezaron a caer chuzos y más chuzos. Mickey miró aprensivamente el cielo y empezó a correr hasta la esquina de la calle, con Wonka a cuestas (yo llevaba a Fito). Yo, sin entender nada, fui andando detrás, tranquilamente, paraguas en mano. Al girar, me vi a Mickey firme cual esfinge y acojonado cual conejito ante la presencia de una serpiente de cascabel, medio escondido entre un seto y el muro de una casa, mirando hacia arriba y hacia mí alternativamente.
Como sé que no hay nada que le dé más miedo en este mundo que las tormentas, le pedí la correa de Wonka y le ordené tajantemente que volviese a casa (es que su cortesía le hacía insistir una y otra vez en que se quedaría conmigo y estábamos haciendo el gilipollas, discutiendo bajo la lluvia). Así que con cara de profundo alivio salió escopetado a casa, mientras Fito me miraba con cara de: "Y YO POR QUÉ PRINGO, EHHHH????"
En fin, que estábamos los tres paseando bajo la lluvia (bueno, Fito bajo mis piernas) y evitando el camino ese lleno de altos árboles que bordea mi urbanización, cuando de repente, sin previo aviso, cayó un único rayo más o menos al lado de donde estábamos nosotros. Me sentí como se debe sentir Scarlett Johanssonn cuando le hacen mil fotos a la vez, absolutamente deslumbrada, y además el trueno fue de órdago (sin ni una milésima de segundo de distancia con el rayo). Simultáneamente el suelo tembló bajo nuestros pies y pezuñas y Fito pegó tal brinco, que al principio creí que le había alcanzado el rayo y había saltado frito, cual palomita en sartén.
Pero no, afortunadamente no le había dado; lo que pasaba es que estaba acojonadito perdido (ha salido a Mickey) y empezó a correr como si el diablo le hubiese prendido fuego en la cola, seguido por mí, que me dejaba llevar con el más depurado estilo de esquiadora acuática. Noté que Wonka se resistía a venir con nosotros, miré para atrás y vi que el pobre parecía una carne mechada, con toda la correa a su alrededor; y tuve que pararme a desenrollarlo a pesar del pánico de Fito. Desenrollado Wonka, salimos por patas a casa, yo con el paraguas cerrado (con el viento no servía para nada) y meándome de la risa (es que me estaba imaginando a Mickey en mi situación).
Al llegar a la puerta de casa vimos al pobrecito Mickey, fuera, empapándose y llorando. Se me abrazó y me dijo entre sollozos: "Creí que te había alcanzado; que estabas muerta... Salí a buscarte al camino de árboles y no te vi... Creí que estabas muerta..." A lo que yo, con la sensibilidad que me caracteriza en estos casos, respondí: "Tranquilo, si me hubiese alcanzado te habría llegado el olor a tocino a la barbacoa..." A lo que Mickey me dio una colleja, aún no entiendo muy bien por qué.
Por cierto, con tanta lluvia casi se nos llena la piscina gratis...

Y afortunadamente y no lo quiero decir muy alto, parece que lo peor ha pasado y gozamos de un poco de sol. Las flores se han puesto muy contentas (y yo con ellas, que claro, soy otra florecilla XDDDD ).


Y Wonka y Fito ya han olvidado el susto y son los de siempre. UNOS COTILLAS REDOMADOS.
Aquí los vemos dirigiéndose a cotillear, no sé si atraidos por el olor de alguna barbacoa, o por algún vecino aparcando su coche:

Aquí en pleno cotilleo supino; lo que no vean estos, no lo ve nadie:

Y aquí vuelven con la curiosidad satisfecha, en busca de alguna trastada que hacer:
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