Wonka era el perro más bueno y tranquilo del Universo (menos cuando veía un par de calcetines cerca). Y entonces llegó Fito, hace tres semanas.De repente los paños de cocina aparecían hechos trizas en el suelo, el desayuno de la chica de la limpieza desaparecía misteriosamente (sólo quedaba el envoltorio de las galletas, mudo testigo del crimen), el jardín aparecía lleno de hoyos por todas partes...
El primer día les castigué a los dos, a lo que Wonka reaccionó con una plañidera mirada de reproche. Y luego sólo a Fito, porque... Obviamente era él el remolino destructor!
Así que Wonka, que es muy listo él, se dedicaba a ladrar cada vez que Fito hacía algo, para avisarme.
-Chivato! - Le decía Fito con la mirada cuando me veía aparecer.
-La vida es cruel, compa - Le replicaba Wonka con tranquilidad.
Así que yo, inflexible, encerraba a Fito en su caseta diez minutos, castigado!
Entonces Fito se liaba a aullar, y Wonka, asomado al ventanal de la cocina, le ladraba.
Fito: -¿Por qué me traicionaaaaaaasteeeeeeeeeeee sniffffff?
Wonka: -Porque si no pringábamos los dos, compa!
Fito: -Eres un mamonazooooooooooo, jopuuuuuuuutaaaaaa!
Wonka: -Y tú un cabronazo, no sabes ya que los paños de cocina no se tocan?
Fito: -Cállate y ayúdame a saliiiiiirrrrrrrr, buaaaaaaaaaaaa!
Wonka: -Shhh, ya viene Mal, ya te va a sacar, yupiiiii!
Y Wonka venía conmigo a presenciar la liberación de Fito.
Hasta que el rizo se volvió a rizar. Porque una vez pillé a Wonka con mi paraguas en la boca, muy entusiasmado él, mientras el pobre Fito no hacía NADA. Entonces Wonka me miró y escupió el paraguas, a la vez que salía disparado para la cocina, dispuesto a liarse a dar vueltas alrededor de la mesa hasta que me cansara.
Esa vez lo castigué sólo a él. Ahora pringan los dos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario