31/12/09

Los Fugitivos

Ayer, a pesar del asqueroso temporal que nos está aguando las navidades, nos fuimos a nadar con la mamma. Que por cierto casi nos ahogamos en la carretera.
A la vuelta, aparcamos el coche, y la mamma dice que se va pitando a casa porque la que estaba cayendo era de no te menees, y sale corriendo por la puerta del garaje, mientras que nosotros salimos disparados para casa.

-¿No cierras la puerta del garaje? -logré preguntarle a Mickey mientras se me llenaba la boca de agua de lluvia.
-¡Ahora desde dentro la cierro! -contestó él como pudo.

Ahhh! Qué paz llegar a casa, después de machacarse los brazos una hora en la piscina, duchaditos, hambrientos y soñolientos!
Tras una comida sana y deliciosa (gambas cocidas y ensalada de canónicos) nos pusimos a hacer el tonto por la web mientras tomábamos café y chocolate. Encargué unas cosillas (que supuestamente me llegan hoy) y entonces me dio por mirar por la ventana.

La puerta del garaje seguía abierta.

-Mickey, la puerta del garaje! No la cerraste!
-Mierda!
-No es tan grave, espera que cojo el mando y...
-¡LOS PERROS!

Se me fue la sangre de la cara al verlo dirigirse corriendo hacia la cocina.

-¡NO ME JODAS que les has dejado la puerta de la cocina abierta para que salgan al jardín!
-¡SÍ! -contenstó Mickey mientras se ponía el abrigo.
-¿Hace cuánto???
-UNA HORA!!! -cogió las llaves.
-¡CON LA PUERTA DEL GARAJE ABIERTA!
-¡SÍ!!!!! -contestó Mickey abriendo la puerta de la casa-. ¡Tú quédate aquí!
-¡Y UN HUEVO!!! ¡MIS PERRITOS!!!!!!! -y salí con él a buscarlos a la calle, pero yo sin abrigo, pelada de frío.

Mickey me gritó que me asegurase que no seguían en casa (lo mismo estaban dormidos en algún rincón), yo lo hice, y cada vez que los llamaba y no los veía venir corriendo se me atragantaba la voz en un nudo de llanto. Luego volví a la calle, con mis llaves y con las de Mickey, y lo busqué para darle las suyas y dividirnos. Anduve y anduve mientras que la ansiedad me iba cortando la respiración. Porque yo sé que los perritos saben volver solos a casa (sobre todo Fito) pero... ¿Y si alguien me los mangaba? (sobre todo a Wonka porque los labradores son más golosos a los ojos de los cazadores manguis) ¿Y si los atropellaban? (sobre todo a Wonka porque se cree que los coches son... amigos!)

Así que ahí andaba yo, por la calle, sin abrigo, sin Mickey y sin perros. Y la gente pasaba y me veía llorando y NADIE me preguntó qué me pasaba ni si me podía ayudar en algo. Así nos va en este mundo.

Y cuando ya me volvía a casa por si volvían y porque me estaba mareando por no poder respirar por los nervios, vi una manchita negra a lo lejos, con las orejitas tiesas, mirándome con interés y moviendo el rabo por la felicidad.

¡FITO!!!! Pensé que Alex lo había encontrado, y asomándome a ver si lo veía, vi a Wonka, con la lengua fuera, sonriendo y moviendo el rabo como Fito. Ohhhhh... Estaban a punto de creer que íbamos a jugar, que tenía que perseguirlos mientras ellos huían delante mía... Nonononono! Entonces grité lo primero que se me ocurrió para que vinieran en vez de salir jugando al escondite:

¡SARDINAS!!!! Y salí disparada corriendo, no hacia ellos, sino a casa. Y me siguieron dando saltos de alegría mientras yo repetía: ¡SARDINAS!!!!!

Cuando llegué a casa recé porque Mickey, por primera vez en su vida, se hubiese llevado el móvil. Me sonrió la suerte porque el móvil no estaba, así que lo llamé y le dije que habían aparecido los dos fugitivos, y me dijo llorando que ya volvía a casa.

Luego me contó que es que estaba acojonado porque un hombre le había dicho por la calle que había visto a Wonka, y que un coche había estado a punto de atropellarlo. Glub.

Menos mal que al final a nadie le ha pasado nada y han aparecido sanos.
Y relajados. Como nosotros cuando volvimos de nadar:

 

 

Los que no andábamos tan relajados ya éramos nosotros:

 

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